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Encuesta. En el eje troncal, el 68% de la gente cree más en la prensa Ruy G. D’Alencar Delgado
Pulgar arriba para los medios de comunicación, la Iglesia católica y el defensor del Pueblo. Ese es el resultado que refleja el estudio de opinión sobre la credibilidad de las instituciones del país, realizado en Santa Cruz, La Paz, El Alto y Cochabamba, durante la última semana de noviembre y publicado por la revista Poder y Placer. Según la encuesta, el 68% de la población que vive en las ciudades del eje troncal considera que la prensa es la institución más creíble del país. El 66% ve a la Iglesia católica con la imagen de más confiable. En la retaguardia de esta tabla de confiabilidad están la Policía (28%), el Gobierno (26%) y la justicia (18%). De los datos fríos viene el análisis. Unos ven que este resultado es el reflejo de que los tiempos están cambiando, de que el ciudadano se ha convertido en el protagonista de la historia y ya no los gobiernos o corporaciones poderosas. Otros creen que hay una reacción civil que se manifiesta en la opinión y que censura el abuso del poder político y reivindica a quienes defienden a la ciudadanía. Para Carlos Guevara, investigador en ciencias sociales, los resultados revelan una reacción de la sociedad frente a “ataques” que vienen desde el poder público o privado, en contra de la diversidad y de la libertad de expresión. “Cuando hay conflicto, la gente se pone del lado del más débil. Entonces como el Gobierno ataca a los medios, los medios se fortalecen”, dice Guevara. Sobre la Iglesia católica, la explicación es evidente. “La Iglesia siempre tiene mucha credibilidad porque hay una masa mayoritaria de creyentes”, explica el investigador.
Otra institución que destaca es la Defensoría del Pueblo, que está en tercer lugar en la tabla de la credibilidad. Para los analistas esto se debe a la independencia que ha demostrado el ente con relación al poder político. Pulgar abajo para instituciones como la Policía, el Gobierno y la justicia, por las actuaciones que han tenido estas instituciones. En el texto publicado por la revista, Pedro Glasinovic, presidente de la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP), escribe que los y las periodistas, como sucedía en gobiernos de facto, ejercen su labor bajo amenazas y agresiones que vienen del poder que no tolera voces críticas ni contradictorias.
Además, el partido de Gobierno se ha visto envuelto en líos políticos con juicios a autoridades opositoras, como el que le sigue al suspendido gobernador de Beni, Ernesto Suárez. La Policía nacional ha recibido muchas críticas luego de la represión a la marcha indígena y la justicia ha tenido su golpe por la susceptibilidad sobre la imparcialidad del proceso de elecciones judiciales.
“Con el tiempo comprobamos que, en realidad, el ‘cambio’ fue solo de personas más no de hábitos”, dice Glasinovic. El estudio de opinión se hizo tomando una muestra de 800 encuestados del eje troncal del país, todos mayores de 18 años de edad. Responsabilidad antes que un privilegio José Pomacusi / Periodista Creo que es un resultado lógico. El mundo en general asiste a un cambio de época, caracterizado porque los ciudadanos comienzan a ser los protagonistas y los presidentes y grandes hombres de empresa dejan de serlo. Para la revista Times, por ejemplo, el personaje del año fue el manifestante. Las tecnologías han cambiado a los ciudadanos. El desarrollo de tecnologías globales ha permitido la explosión de las indignaciones. Se indignan en España, en Egipto, en EEUU. En un contexto así, de cambios, de indignación contra la desigualdad social y el abuso de poder, es lógico que los medios que le permiten expresarse al ciudadano tengan esa credibilidad Este es el signo de la época.
El Gobierno de Bolivia está en noveno lugar y esto es porque es una institución que está en contra de la manifestación de la libertad de opiniones contrarias, sus representantes actúan como si el ciudadano fuese un tonto que cree todo, que está obligado a creer lo que dicen. Hay que saber leer el momento actual. La sociedad no es tonta y se indigna. El ciudadano cada vez es más soberano.
Lo mismo le pasa al FMI o al Banco Mundial, juntan 50 presidentes y quieren ostentar su poder, pero al lado vienen 50.000 manifestantes que los rechazan indignados por las injusticias que cometen.
Pero esta credibilidad, esta gracia con la que el ciudadano reconoce a la prensa independiente, implica una gran responsabilidad que los trabajadores de los medios debemos saber valorar. La credibilidad no es un privilegio, es más una responsabilidad. Si no cuidamos esa responsabilidad la podemos rifar en un día, igual que lo hacen los políticos.
Fuente: http://www.eldeber.com.bo/2011/2011-12-19/vernotasantacruz.php?id=111218214745
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